Praga: Mala Strana, Castillo y Monte Petrín

En nuestro segundo día en Praga decidimos recorrer toda la parte de la ciudad que queda al otro lado del río: el barrio de Mala Strana, el Castillo de Praga, y el Monte Petrín, entre otros lugares. ¡Parecía poco, pero para verlo con calma se necesita casi todo el día!

Después de un delicioso (y tempranero) desayuno en nuestro hotel, nos dirigimos en el tranvía hacia el…

Puente de Carlos

Sin duda alguna, este es uno de los sitios más conocidos de Praga. ¡Seguro que habéis visto cientos de fotos! Es casi imposible cruzar este puente sin darse codazos con otros cientos de turistas. Es una de las desventajas del turismo, cuanto más bonito y conocido es el lugar, más gente habrá.

El puente de Carlos cruza el río Moldava y une el barrio antiguo, Staré Mesto con el Mala Strana. Se construyó en el siglo XIV, y se llama así porque el rey Carlos IV puso la primera piedra. ¡Los checos, siempre tan originales con sus nombres!

Río Moldava, visto desde el Puente Carlos.
Me habría encantado hacer un crucero por el río Moldava.

A lo largo de todo el puente, a ambos lados, no sólo hay puestos de recuerdos y artistas callejeros, sino también un montón de estatuas. Me llamó la atención una en especial, por la cantidad de gente que hacía cola para verla. Se trataba de San Juan de Nepomuceno, que fue tirado al río por orden del rey, por no querer revelar las confesiones de su mujer. A sus pies hay también una imagen con tres estrellas. Se dice que tienes que poner un dedo en cada estrella, para volver algún día a Praga. ¡Pero mis alitas no tienen dedos!

Henrietta, al final del Puente de Carlos.
¡Por fin conseguí abrirme paso entre la gente!

Mala Strana

Por esta puerta tan imponente se entra a Mala Strana.

Al Mala Strana, o Barrio Pequeño, se le llama “la perla del barroco”. Aunque tiene su origen muchos siglos antes, la arquitectura de casi todo el barrio es barroca. ¡Es un barrio precioso! Aquí os cuento un par de cosas interesantes que podéis visitar.

Barrio Mala Strana, con gente, y la Iglesia de San Nicolás al fondo.
¡Es un barrio muy colorido!

Isla Kampa

Según cruzamos el puente, a la izquierda, está la isla artificial Kampa. ¿Y por qué se llama así? Porque aquí acamparon los soldados españoles de los Tercios. Acampar, Kampa… ¿he comentado ya que los checos no ponían nombres muy originales? Una de las cosas más características de esta zona son los molinos, especialmente destaca el Molino del Prior, cuyo puente conduce a la plaza donde se encuentra la sede de los Caballeros de Malta. Otro de los molinos, el Sova, es ahora el Museo Kampa.

Canal en la Isla Kampa.

Creo recordar que había también un puente con muchos candados. ¡Por favor, no hagáis esto! ¡Estropea la estructura de los puentes! Además, ya lo ha hecho tanta gente, en tantos sitios, que ni siquiera es original.

Muro de John Lennon

Pero Henrietta, ¿por qué hay un muro de John Lennon, si él nunca estuvo en Praga? Resulta que, durante el régimen comunista que vivió Checoslovaquia (os hablo un poquito de ello en mi artículo anterior), apenas llegaban cosas de fuera de la URSS, y la música estaba entre ellas. Al día siguiente del asesinato de John Lennon, el muro apareció pintado con una imagen suya, como homenaje.

Muro de John Lennon en Praga.

Sin embargo, las autoridades pintaron el muro de nuevo de blanco. Esto no gustó a la gente, que ya estaba harta de tanta censura. El muro volvió a aparecer lleno de mensajes de paz y canciones de los Beatles.

Henrietta, en el muro de John Lennon.

Y así una, y otra vez. Cuanto más se intentaba pintar de blanco, más colorido aparecía al día siguiente. Finalmente, las autoridades se rindieron y el muro quedó todo pintado, como símbolo de la libertad de expresión.

Nosotros tuvimos mucha suerte, porque lo visitamos una tarde, y de nuevo a la mañana siguiente. ¡Y justo estaban volviendo a pintarlo de blanco! Pero esta vez no tenía nada que ver con la censura soviética. De vez en cuando vuelve a dejarse en blanco para que nuevos artistas puedan dejar sus obras. Esta vez, además, aprovecharon para dejar un mensaje de conciencia sobre el cambio climático.

Muro de John Lennon, siendo pintado de blanco.

La calle más estrecha de Praga

Se trata de la calle U Luzickeho seminare, y es tan estrecha, que sólo puede pasar una persona cada vez. ¡Hay un semáforo que regula el tráfico peatonal!

Iglesias de San Nicolás y Nuestra Sra. de la Victoria

La de Iglesia San Nicolás de Mala Strana es otra de las tres iglesias dedicadas a este santo en la ciudad. ¡Sí que era un santo querido! La otra es, ni más ni menos, que la de la Plaza de la Ciudad Vieja, en Stare Mesto.

Iglesia de San Nicolás de Mala Strana.

¡Tiene un montón de estatuas y frescos adornando las bóvedas. Si os fijáis bien en uno de los frescos, veréis a un monje escondido. Cuentan que el pintor que los hizo no quería que nadie viese su obra hasta que estuviese terminada. Un monje cotilla quiso verla antes de tiempo, y como castigo, quedó plasmado en su pintura.

También se puede subir a la torre y, aunque yo no lo he hecho, dicen que hay unas vistas preciosas de la ciudad. Como en el barrio de Mala Strana estaban una gran parte de las embajadas extranjeras, durante la época comunista, se vigilaba desde la torre que no hiciesen nada nada sospechoso

Cúpula de San Nicolás de Mala Strana.

La Iglesia de Nuestra Señora de la Victoria es la iglesia barroca más antigua de la ciudad. Es conocida por su estatua del Niño Jesús. ¿Y por qué es famoso este niño? Cuenta la leyenda que hace milagros, y perteneció a Santa Teresa de Jesús. ¡Pero no se sabe si esto es verdad! También llaman la atención su tamaño, ya que mide medio metro, y que tienen la costumbre de ponerle ropa, igual que al Manneken Pis de Bruselas.

Iglesia de Nuestra Señora de la Victoria.

Jardines Vrtba

¡No me preguntéis cómo se pronuncia! Desgraciadamente en nuestro viaje no pudimos visitarlos, porque nos faltó un poquito de tiempo. ¡Pero dicen que son preciosos! Cuando pueda volver a Praga, os prometo actualizar este artículo con mis fotos e impresiones de los castillos.

Hasta entonces, sólo puedo contaros que es un jardín barroco, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Lo diseñó el mismo arquitecto que hizo la torre del Clementinum, para el Conde de Vrtba, y en realidad es un conjunto de jardines escalonados. Tiene un montón de estatuas, representando a dioses griegos y personajes de la mitología clásica.

Palacio y jardines Wallenstein

Se construyó en el siglo XVII para Albert van Wallenstein, que después de la guerra de los 30 años, se hizo muy rico. ¡Quería un palacio tan despampanante que incluso se hizo pintar en un fresco como si fuera el dios Marte! Este hombre era tan pretencioso, que fue mandado matar por sospechar que quería usurpar el trono.
Durante la época comunista, este palacio fue expropiado a la familia. En la actualidad es la sede del senado, aunque se puede visitar los fines de semana.

Imagen de praga.es. Jardines del Palacio de Wallenstein.
No pude hacer ninguna foto del palacio, aunque es una pasada. Así que os dejo esta foto de praga.es

Lo que sí se puede visitar a diario son los jardines. Tienen un montón de estatuas, fuentes, ¡y hasta una gruta artificial! A veces, incluso se hacen conciertos.
Tanto el palacio como los jardines tienen la entrada gratuita.

Castillo de Praga

Ahora sí, por fin, ¡llegamos al Castillo de Praga! Uno se imagina el típico castillo amurallado, con sus torres y sus pasadizos, ¡pero este castillo no tiene nada que ver con esa imagen! El Castillo de Praga es prácticamente una ciudad, con un montón de edificios históricos, una catedral, una basílica, jardines, y restaurantes (¡aunque todos carísimos! Nosotros preferimos comer en uno que está en la plaza frente a la entrada).

El enorme tamaño del castillo se debe a que, aunque comenzó siendo un pequeño palacio de madera, a lo largo de los siglos fue recibiendo ampliaciones, reformas y reconstrucciones.

Entrada al Castillo de Praga.
¡Por fin llegamos al castillo!

Ahora vamos con lo que nos interesa. ¿Qué entrada tengo que comprar? ¿Cuánto cuesta? Pues bien, resulta que hay entradas con diferentes precios, que oscilan entre 250 y 350 CKZ, según lo que quieras visitar dentro del castillo. Y los precios han cambiado desde que estuve allí, así que os recomiendo que visitéis la página oficial del castillo para tener información actualizada.

Árbol de flores rosas.
Este árbol tan bonito estaba en el primer patio del castillo, justo después del control de seguridad.

Si queréis entrar al Callejón de Oro, tenéis que fijaros muy bien en la entrada que compráis, porque sólo está incluida en algunas. Cuando yo estuve allí, me dijeron que la entrada (una vez en el recinto del castillo) era gratuita por la tarde y de pago por la mañana. Pero esto ha cambiado en los últimos meses, así que Ana, de Civitatis, me ha ayudado a encontrar la información más actual: Para entrar al Callejón de Oro, tenéis que comprar la entrada del castillo con los circuitos A o B. También puede estar incluida en el precio de algunos tours guiados.

¡Qué bonita es la plaza que da entrada al castillo!

Esto último es lo que hice yo: entré al castillo con un tour de Sandemans (¡ya sabéis que me gustan mucho!), en el que enseñaban el barrio de Mala Strana y el Castillo. Con el tour pude entrar en el recinto del castillo y la catedral de San Vito. Al ser aún los precios antiguos, como había ido por la mañana, no pude entrar en el Callejón de Oro.

Entrada al castillo y cambio de guardia

Igual que en otros palacios, como el de Buckingham en Londres, el Castillo de Praga tiene su cambio de guardia a las 12 del mediodía. ¡Tuvimos mucha suerte y pudimos verlo de cerca! Había mucha gente, pero de algún modo que no alcanzo a comprender, la masa de gente me acabó absorbiendo y empujando, ¡y acabé casi en primera fila! Aquí os dejo un vídeo que conseguí hacer.

¡Todo el mundo quería ver el cambio de guardia!

Aunque no lleguéis al cambio de guardia, la entrada al castillo por sí sola ya impresiona. Las estatuas tan agresivas fueron cosa de la reina María Teresa, que quería dar una impresión dura, para que no la menospreciaran por ser mujer. Ella también se encargó de la mayor de las remodelaciones del castillo.

Entrada al Castillo de Praga.
¡Esas estatuas dan un poquito de miedo!

Catedral de San Vito

La Catedral de San Vito es lo primero que vemos al entrar al tercer patio del castillo (el primero es el que está al atravesar las puertas con las estatuas doradas, en el segundo encontramos el Tesoro de San Vito). ¡Es enorme e impresionante!

Henrietta frente a la Catedral de San Vito.
La catedral es tan grande que la fachada no cabe en la foto.

Aunque se conozca sólo como la Catedral de San Vito, en realidad está dedicada a tres santos: San Vito, San Wenceslao y San Adalberto.

Eso sí, esta catedral ha pasado por un montón de fases arquitectónicas, ya que su construcción fue muy lenta, y fue interrumpida en varias ocasiones por guerras. empezó siendo una iglesia románica, después se renovó al estilo gótico, y la torre es barroca. ¡Pero la construcción de la catedral no finalizó hasta el siglo XX! Se tomaron su tiempo, pero al menos se terminó (ya podría la Sagrada Familia de Barcelona tomar ejemplo).

Nave central de la Catedral de San Vito.

Las vidrieras ya son de principios del siglo XX y algunas llevan los nombres de los bancos que financiaron su construcción. ¡Quién hubiese imaginado encontrar publicidad en una catedral! Si te paras a pensarlo, es como cuando la parada de metro de Sol, en Madrid, pasó a llamarse “Vodafone Sol”.

En su interior también se encuentran el mausoleo real y el panteón de los reyes de Bohemia. No sólo descansan los reyes y sus familias, sino que en esta catedral también están las tumbas de San Wenceslao y San Adalberto.

Antiguo Palacio Real

Al igual que la catedral, el palacio pasó por varias reconstrucciones y reformas, desde un palacio de madera, pasando por el románico y el gótico, hasta llegar finalmente a su aspecto renacentista actual, con algunas ampliaciones posteriores.

Su salón más conocido es del de Vladislao, donde solían celebrarse banquetes, fiestas, coronaciones ferias, ¡e incluso torneos de justa! Es por esto último que sus escaleras están construidas especialmente para que se pueda entrar a caballo. Ver los torneos en interior en invierno era todo un lujo para los nobles de la época.

¡Qué bonito es el patio de la catedral!

Basílica de San Jorge

No os voy a engañar, yo soy de las que conoció la historia de San Jorge y el dragón porque vio Las Tres Mellizas. Ya me llamó la atención la estatua en el patio del castillo, después entendí que también había una basílica de San Jorge en el recinto.

¡A pesar de tener una fachada de apariencia bastante moderna, esta iglesia es muy antigua! Se construyó en el siglo X y, al contrario que la Catedral de San Vito, esta sí conserva su aspecto románico original. La primera es altísima y elegante, y la basílica es pequeñita y robusta. ¡Casi da la sensación de estar en una cueva!

Basílica de San Jorge.

Callejón de Oro

Ya os comenté en párrafos anteriores el tema de las entradas al castillo y al Callejón de Oro. Ahora, ¿qué hay en este callejón? ¡Casitas de colores! Inicialmente eran las viviendas de la guardia del castillo, después pertenecieron al gremio de orfebres y actualmente son tiendecitas de artesanía y productos típicos. Aunque la arquitectura de las casitas no tiene nada que ver, el hecho de que cada fachada fuese de un color diferente me recordó mucho a Valparaíso.

La casa más conocida es la número 22, ya que se dice que aquí vivió Franz Kafka, y ahora es una tienda donde se venden obras suyas. ¡Pero, ojo aquí! Lo que os voy a contar quizá os decepcione un poquito. Nuestro guía nos contó que esto no fue del todo cierto. Esta casa no perteneció a Franz Kafka, sino a su hermana Ottla. Hay quien dice que estuvo un tiempo viviendo con ella, pero también que únicamente se le veía de visita. Lo decepcionante no es que la casa haya pertenecido a Ottla y no a Franz, sino que apenas se la menciona a ella, como tampoco te cuentan que fue víctima del holocausto y murió en el campo de concentración de Terezín. ¿No creéis que se merece al menos una mención?

Por desgracia, no pude entrar en el callejón de oro, así que la foto de este lugar tendrá que esperar a la próxima vez que visite Praga.

Jardines del Castillo

Son una buena opción para descansar y relajarse un ratito después de comer. Además, la entrada aquí es libre. Son varios los jardines que rodean al castillo: el Jardín Real, donde se encuentra la residencia de los presidentes, así como el Palacio de Verano de la Reina Ana, y los Jardines del Sur, que están donde antiguamente se encontraban el foso y los muros de defensa. Son tres: el del Paraíso, el Na Valech y el de Hartig.

Palacio de Verano de la Reina Ana, Jardín Real de Praga.
Este es el palacio de verano de la reina Ana.

Monte Petřín

¡Ya os había dicho que el otro lado del río daba para un día entero! ¿Pensabais que con el Castillo de Praga se había acabado todo lo interesante?

El Monte Petrín es una colina de unos 140 metros de alto, con unas vistas preciosas de la ciudad y del río Moldava. Yo recomiendo mucho visitarla al atardecer. Si vais directamente después del castillo, podéis llegar desde el Monasterio de Strahov, pero si tenéis que subir desde Mala Strana, podéis hacerlo en funicular, que cuesta 24 CKZ (os dejaré indicado dónde cogerlo en el mapa). Si sois valientes, estáis en forma o tenéis ganas de un poco de ejercicio, también podéis subir andando.

Al atardecer hay una luz preciosa.

¿Y qué se puede hacer en el Monte Petrín, además de disfrutar de las preciosas vistas y dar un paseo por el parque? Ahora mismo os lo cuento.

Torre de Petrín

¿A que se parece mucho a la Torre Eiffel de París? Si le preguntas a un checo te dirán que es más alta que la de Francia. Si miras la torre desde sus pies, pensarás “¡Pero eso no es verdad!”. ¡Pero es que los checos también cuentan la altura de la colina!

Yo estuve por la noche, cuando estaba la torre iluminada. ¡Se veía muy bonita!

Se puede subir andando, son unas cuantas escaleras. Si no os sentís tan en forma (o si habéis sido ya lo suficientemente valientes de subir a pie al monte) también podéis subir en ascensor.

Laberinto de Espejos

Es otra de las atracciones más populares del monte. Como fuimos al atardecer, el laberinto ya estaba cerrado y no pudimos entrar. De todos modos, dicen que está bien si vas con niños que tienen ganas de jugar. También he oído que, por 90CZK, no merece la pena. ¡Lo dejo a vuestro juicio! Si habéis entrado, contadme cómo ha sido vuestra experiencia.

Otros sitios interesantes

A los pies del Monte Petrín también tenemos un Memorial a las Víctimas del Comunismo, un monumento a las personas que murieron, fueron encarcelados o forzados al exilio durante este régimen.

Memorial a las Víctimas del Comunismo, Monte Petrín en Praga.
¡Gracias, Magda por esta foto!

En la parte más al sur del monte se encuentra el Muro del Hambre, construido en el siglo XIV. Como era una época de hambruna, durante su construcción los obreros eran pagados con comida.

Junto al funicular vimos que había un planetario, que también pillamos cerrado por la hora. Desgraciadamente sólo he encontrado información en checo, así que espero que, en mi próxima visita a Praga, pueda aportar un poquito más de información sobre él.

Planetario en el Monte Petrín.

Mapa de mi ruta

¡Esto ha sido todo por hoy! En mi próximo artículo sobre Praga (que os dejaré enlazado por aquí cuando esté listo) os hablaré del Josefov, o barrio judío, y de la fortaleza de Vysehrad.

Igual que hice en el artículo de mi primer día en Praga, aquí os dejo un mapa donde os he marcado los sitios que he ido mencionando. ¡No dudes en guardártelo en Google Maps si vas a ir a Praga!

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