Santiago de Chile: Barrio Lastarria y Cerro Santa Lucía

Tengo escrito este artículo desde hace ya varias semanas, pero por circunstancias varias (que incluyen dos semanas sin internet, gracias, Movistar Chile) no he podido publicarlo hasta ahora.

En marzo estuve de vacaciones en Santiago de Chile, en casa de los padres de Joaquín. No hemos salido mucho, porque Marta y Joaquín han estado visitando a la familia y los amigos. Pero sí que dedicamos un día a salir y pasear por mi zona favorita de Santiago.

Os cuento primero por qué es mi zona favorita. Hace un par de años, Marta y yo alquilamos un apartamento en el centro de Santiago, justo enfrente del cerro Santa Lucía. Teníamos a pocos minutos caminando la Plaza de Armas, el Barrio Lastarria, el Parque Forestal y, un poquito más allá, el Patio Bellavista y el Cerro San Cristóbal (eso sí, para visitar este último hay que contar con un paseo un poquito más largo). Es una zona muy bonita para pasear, y Marta y yo salíamos todos los días, mientras Joaquín estaba trabajando. Ir a pasear sola por una ciudad, con calma, a tu ritmo, tiene un no sé qué especial, que hizo que le cogiese mucho cariño al centro de Santiago. Además, como era septiembre, todo tenía un ambiente muy animado y festivo.

Volviendo a mis vacaciones de este marzo, aquel día queríamos relajarnos, y hacer una pequeña pausa de visitas, así que elegimos un día soleado, no excesivamente caluroso, para dar una vuelta. Comenzamos nuestra ruta por el Barrio Lastarria.

¡Qué contraste de edificios!

Este barrio tan bohemio se empezó a desarrollar en el siglo XIX y principios del XX, alrededor del Palacio de Bellas Artes, siguiendo las tendencias neogóticas y Art Decó (parece que tengo idea de arquitectura y todo, ¿verdad?). Además, al estar tan en el centro de la ciudad, y rodeado de zonas verdes como el Parque Forestal y el Cerro Santa Lucía, era un lugar ideal para los artistas. Se empezaron a construir edificios de fachadas muy llamativas: algunos simulan castillos, otros tienen balcones de madera, y otros están cubiertos de enredaderas. Uno de los más famosos es la casa-taller del arquitecto Luciano Kulczewski, que se puede visitar como museo. También están en este barrio los museos Arqueológico y de las Artes Visuales, y la iglesia de la Vera Cruz.

Este mural da una ligera idea de cómo era

Sin embargo, este barrio es más conocido por sus restaurantes y terrazas, y se ha convertido en un gran foco gastronómico. ¡Y entiendo bien por qué! Almorzar o simplemente tomar un café al sol en una de sus callecitas es de lo más agradable. Comimos en un restaurante de comida tradicional chilena, donde nos sirvieron unas empanadas de pino y un ceviche, que estaban para chuparse los dedos (o las plumas de las alas). Y no podía faltar una limonada casera bien fresquita.

No como pescado ni carne, así que me comí todo el pebre*. ¡Picaba un poquito!

De postre, decidimos tomarnos un helado en el Emporio la Rosa.
Tengo que decir que he probado muchos helados buenísimos (en Pia en Düsseldorf, Regma en Santander…), pero pocos son tan deliciosos como los del Emporio la Rosa. ¡Mi favorito es el de rosa! Teníamos uno justo en la esquina, en el mismo Barrio Lastarria, pero nos apetecía pasear un poquito más, así que decidimos ir al que está junto al Parque Forestal. Este parque es uno de los puntos verdes más grandes de la ciudad (¡tiene más de seis mil especies de árboles!), y tiene también algunos monumentos como el de Rubén Darío, o el de los Escritores de la Independencia. Es un lugar muy agradable para pasear, sentarse a relajarse o leer, o incluso jugar a Pokémon.

Mi favorito es el de rosa. ¡Está buenísimo!

Después quisimos ir al Cerro Santa Lucía, pero, de camino, en una galería comercial enfrente de la Universidad Católica, nos esperaba una sorpresa en una tiendecita de cómics, llamada El Rey del Cómic. Entramos, porque nos llamó la atención la cantidad de libros y revistas de Condorito que había. Pero la sorpresa  estaba en que allí encontramos a Miguel Ortiz, el último dibujante que quedaba del equipo original de Pepo, autor de Condorito. ¿Conocéis a Condorito? En 1949, el dibujante conocido como Pepo, creó una serie de viñetas cómicas, cuyo protagonista es un cóndor, llamado Condorito. Cada revista incluía una serie de chistes sobre situaciones divertidas o irónicas. Suelen ser rápidos de leer, con personajes simpáticos, pero sin caer en el humor tonto. ¡Ideales para coleccionar y leer en cualquier situación! Normalmente, cada viñeta termina con el característico ¡Plop!. En la tienda, Miguel nos contó muchas cosas sobre Pepo y Condorito. ¡Es un señor muy simpático!

Joaquín tenía un montón de cómics de Condorito de cuando era pequeño.

¿Sabíais que, al principio, querían vestir a Condorito de huaso*? Al final, decidieron no hacerlo, porque querían que fuese un personaje muy cercano y familiar, en el que todo el mundo se viese reflejado. ¡Y la ropa de huaso era muy cara! Se decidió que vestiría con ropa más sencilla, con la que un campesino también pudiera identificarse: una camiseta roja, pantalones remangados y chanclas. Pero sí decidieron dejarle un pequeño detalle de huaso: la faja. ¿Os habíais fijado que Condorito lleva faja? ¡Yo no me había dado cuenta!

Este es el libro que nos compramos.

También nos contó que todas las portadas de los libros recopilatorios de chistes estaban relacionadas con temas de actualidad. Por ejemplo, el libro que nosotros compramos, es de 1958, año en el que, por primera vez, se había dado la vuelta a la Tierra en una nave espacial. Pero Condorito quiso ir más allá, y él está dando una vuelta a la Luna, donde ha plantado su casa. ¡Un adelantado a su época!


Después de contarnos tantas cosas, Miguel nos dibujó un Condorito en la contraportada de nuestro libro, con una dedicatoria para Joaquín.

Y así nos fuimos, muy contentos, hacia el cerro Santa Lucía. ¡Qué gusto nos dio la fuente al entrar! Nos habríamos quedado un buen rato ahí a la sombra, junto al agua. Pasamos a ver la feria de artesanía que había junto a la entrada, y no pudimos resistirnos a comprar una Ocarina. El hombre que nos la vendió nos estuvo enseñando cómo tocarla, y nos dio las partituras de un par de canciones tradicionales. Es bastante fácil… ¡si tienes dedos! A mí, por supuesto, con mis dos alitas pequeñas, me pareció muy complicado.

¡Tiene una ranita!

Una vez terminamos nuestra pequeña clase de ocarina y nuestra visita a la feria de artesanía, comenzamos nuestra subida al cerro, empezando por la fuente de Neptuno (pequeño guiño para los fans del Atleti). ¿Sabíais que se dice que la ciudad de Santiago comenzó en este cerro? Se dice que Pedro de Valdivia, fundador de Santiago, se topó con un peñón, al que los mapuches llamaban Huelén, y decidió establecer allí su campamento, ya que era un sitio perfecto para observar los alrededores desde la cima. Lo rebautizó como Santa Lucía, porque llegó un 13 de diciembre, día de Santa Lucía (¡qué imaginación!). A partir de él, fundó en febrero de 1541 la ciudad de Santiago de Nueva Extremadura (él era extremeño, y muy original a la hora de elegir nombres).

Quien diseñó esa estatua no tenía ni idea de cómo se veía un mapuche, y lo hizo más parecido a un indio norteamericano. ¡Los mapuches no usaban plumas!

En el siglo XIX hubo un periodo en el que el Imperio Español recuperó Chile tras su independencia, y en él se construyeron varios fuertes y castillos (como el castillo Hidalgo), los cuales aún siguen en pie. ¡Y también quedan algunos cañones! Hasta hace bien poco, uno de ellos se disparaba todos los días, para marcar el mediodía. ¡Vaya susto!

Estas esculturas sí son realmente hechas por mapuches.

La subida hasta la cima del cerro nos costó un poco. Hacía mucho calor y las escaleras estaban muy empinadas. ¡Pero las vistas merecen la pena! ¡Se veía todo Santiago!

Lo que se ve al fondo es el Cerro San Cristóbal. Marta me tenía que sujetar la patita porque hacía mucho viento.

Después de esa subida tan agotadora a la cima, con el sol dando fuerte, de lo que más ganas tenía era de tomarme un delicioso mote con huesillo bien fresquito a la sombra de los árboles. Es una bebida chilena hecha de jugo con jugo de melocotón, a la que se le añaden granos de mote de trigo, y un melocotón deshidratado. ¡Está delicioso! Nos lo tomamos en una placita preciosa, con varias fuentes que recordaban a un jardín andaluz. Resulta que, cuando Chile se independizó completamente de España, Benjamín Vicuña Mackenna se dedicó a embellecer el cerro Santa Lucía, construyendo todos sus jardines y fuentes. Fue él quien construyó la fuente de Neptuno, representandoal dios romano del agua y los mares, y convirtió el Castillo Hidalgo en el palacio que es ahora, donde suelen celebrarse fiestas de año nuevo.

Y con esto y un bizcocho…¡Hasta el próximo artículo se ha dicho!

Pero Henrietta, ¡eso no rima! Ya. Ya lo sé. Se me da muy mal terminar artículos.

*Pebre: es una salsa hecha de tomate, cilantro, cebolla y ají, similar al pico de gallo.
**Huaso: es un campesino tradicional de la zona central. Se asemeja al gaucho argentino, o al clásico “cowboy”, aunque su imagen difiere un poco.

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