Kassel y alrededores: Melsungen

Como ya os he contado en mi artículo anterior (podéis verlo aquí), el fin de semana pasado estuve en Kassel, una pequeña ciudad en el centro de Alemania. Pero lo que me estaba guardando para una entrada aparte era que Saul nos llevó de excursión a un pueblito en sus afueras: Melsungen.

¡Llegar fue toda una aventura! Como Saul sabía ir, le seguimos a ciegas sin fijarnos por dónde íbamos. Compramos nuestro billete (¡6,80 eurazos!) y nos subimos al tren. Pasó media hora. Pasaron tres cuartos de hora, y nosotros mirábamos embobados por la ventana contemplando el campo. “¿No estamos tardando demasiado?“, dijo Saul. Entonces miró el recorrido en su móvil. ¡Oh, no! ¡Íbamos en dirección contraria! ¡Y ni siquiera en la línea de tren correcta!

Nos bajamos inmediatamente, con intención de tomar el próximo tren de vuelta a Kassel, en un lugar llamado Oberelsungen. Desgraciadamente el siguiente tren era ¡45 minutos más tarde! Buscamos algo que hacer mientras esperábamos, pero caímos en la cuenta de que a nuestro alrededor había sólo…

...¡campo!

¡campo!

A unos diez minutos de la parada encontramos lo que parecía ser un pueblo, aunque resultó ser una urbanización. Con casas muy grandes y bonitas, pero una urbanización al fin y al cabo, sin mucho que visitar. Por supuesto, con el calor que hacía, no se veía absolutamente a nadie. ¡Y es que en Alemania puede llegar a hacer mucho calor!

Pasear bajo aquel sol abrasador era agotador, así que decidimos esperar en la parada. 

Pasear bajo aquel sol abrasador era agotador, así que decidimos esperar en la parada.

En el tren volvimos a pagar el billete de vuelta a Kassel (¡otros 5,40 euros!), y una vez en la estación, nos metimos en el tren correcto hacia Melsungen. Aunque no sin que a Saul se le tragase un euro una máquina de bebidas. ¡Y no le dio la botella! ¡Vaya día de pérdidas!

Al fin llegamos a Melsungen. Lo primero que encontramos fue este cartel.

"Heimat" significa hogar. "Vergangenheit", pasado. También teníamos indicaciones hacia Chernobyl, Somalia, y hacia la verdad.

“Heimat” significa hogar. “Vergangenheit”, pasado. También teníamos indicaciones hacia Chernobyl, Somalia, y hacia la verdad.

¡Qué curioso! Pero más curioso aún es lo que nos encontramos a continuación. No me terminaba de encajar…

¿Una cabina londinense en pleno centro de Alemania?

¿Una cabina londinense en pleno centro de Alemania?

Tras caminar un par de minutos desde la parada de tren, por fin vimos el pueblo. ¡Me quedé maravillada con las vistas!

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¡¡Qué bonito se veía Melsungen en la distancia!

Según cruzaba el puente me fui maravillando cada vez más. ¡Qué casitas! ¡Qué fuentes! ¡Qué…! Melsungen es un remanso de tranquilidad, que inspira a tomarse la vida con calma, a pasear sin rumbo disfrutando del ambiente, a tomarse una cerveza fresquita en la plaza del ayuntamiento, a sonreír… Te traslada a otra época, a un lugar donde los problemas se van. ¡Cómo me gustaría tener una casita ahí para ir a relajarme!

A la entrada del pueblo había varias estatuas de leñadores, dado que hace años en Melsungen la mayoría de la gente vivía de esta profesión.

A la entrada del pueblo había varias estatuas de leñadores, dado que hace años en Melsungen la mayoría de la gente vivía de esta profesión.

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El ayuntamiento es el edificio más bonito de la ciudad. Bien centrado, rodeado de árboles y fuentes, y pequeños bares. Nos tomamos una cerveza fresquita a la sombra, y continuamos paseando tranquilamente por el pueblo.

¡Qué ayuntamiento tan bonito!

¡Qué ayuntamiento tan bonito!

¡Arre, oca!

¡Arre, oca!

Aunque teníamos ganas de quedarnos allí un buen rato más, empezaba a atardecer y era hora de volver a Kassel. ¡A pagar otro billete! Es cierto que pagamos tres billetes… Pero después de ver este lugar tan bonito, ya no nos importó. Había merecido la pena.

A veces uno se centra demasiado en visitar las grandes ciudades, los lugares más clásicos y turísticos, y se olvida de que hay miles de paraísos desconocidos que merecen incluso más la pena. Es siempre una buena idea tomar un tren o el coche a cualquier parte y descubrir pequeños pueblos preciosos como este. ¡Uno se lleva verdaderas sorpresas! Y desde luego, lo mejor para conocer la cultura y la tradición de un país o una región es esta: irse a un pueblito perdido y desconocido. ¡Os lo recomiendo!

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