Santiago de Chile: Mercado Central y La Moneda

Mi dolor de cabeza ya se va disipando poco a poco, pero los mocos siguen ahí dando la lata… ¡Pero bueno! Aprovecho que ya me voy encontrando un poquito mejor para seguir contando mi viaje a Chile, mientras me sueno de vez en cuando el pico.

En nuestro cuarto día en Santiago nos levantamos más tarde, porque estábamos cansados, pero decidimos ir a comer al Mercado Central. ¡El paraíso del marisco!

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Aquí estamos, enfrente del Mercado Central.

Como Chile tiene tantísimos kilómetros de costa, no es de extrañar que haya montones de tipos de pescados y mariscos diferentes (y muchos desconocidos para mí). El picoroco, los choritos (que no chorizos), el piure, el loco… Y por supuesto, yo tenía ganas de probarlos todos pero, ¿me cabría todo? ¡Yo tengo el estómago pequeñito!

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¡¡¿¿Habéis visto qué pedazo de mejillones??!! ¡Dan hasta miedo!

Eso que en la foto nos recuerda a las cosas pequeñitas que vemos pegadas a las rocas en nuestras playas españolas, pero en gigante es el picoroco. ¡Mi cabeza cabe perfectamente en un agujero de esos! No sé cómo será el molusco que viva allí, pero desde luego, me da miedo que me atrape y me meta ahí dentro… Y esos mejillones gigantes que son casi de mi tamaño son los choros.

Finalmente, después de pasear entre los escaparates para decidir dónde comer (y cuál de los mariscos era más enorme), nos sentamos en un restaurante llamado Augusto (me recordó a la marisquería que conocía en San Vicente de la Barquera, en Cantabria, que tenía el mismo nombre. ¡Qué curioso!). Nos dejamos recomendar por el camarero, ya que queríamos probar un poco de todo. Nos recomendó como entrante un ceviche, y después una paila marina, que es una sopa con muchos de los mariscos que se pueden encontrar en la costa chilena, y un poco de pescado. ¡Qué buena estaba!

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¡Sabía realmente a mar! Ñam ñam…

¡No os podéis imaginar lo que llena esa sopa! Pero estaba tan buena que quería terminármela. Uff, sentía que podía salir rodando. Decidimos dar un paseo por los puestos de recuerdos que había alrededor de los restaurantes para bajar un poco la comida. Salimos fuera del mercado para ir dando un paseo hasta la Moneda. De camino pasamos por la Plaza de Armas y la Catedral de Santiago. No pudimos detenernos mucho a hacer fotos porque ¡empezó a llover! Mi jersey quedó empapado, así que me metí en la mochila para secarme y cambiarme de ropa mientras Marta y Joaquín abrían los paraguas. Cuando llegamos por fin a nuestro destino ya había parado un poco, así que pude asomar la cabeza.

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Jersey limpio y seco y bufanda… Mucho mejor.

El Palacio de la Moneda se construyó a finales del siglo XVIII, y se llama así porque, aparte ser actualmente la sede el gobierno (donde se encuentran el Ministerio de Interior, la sede de la Presidencia, etc), ahí era donde se acuñaban las monedas durante el siglo XIX. Nuestra intención era visitar el palacio por dentro, pero tuvimos la mala suerte de que (quizá por la hora) estaba cerrado al público. Así que decidimos entrar al Centro Cultural, donde siempre hay muchas exposiciones interesantes. Pero allí tampoco tuvimos mucha más suerte, puesto que sólo había una exposición abierta, de Violeta Parra, artista y cantautora.

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Este es uno de los bordados de Violeta Parra. ¡Qué colorido es!

Después fuimos a ver la tienda de recuerdos, que tenía muchas piezas de la artesanía tradicional chilena, junto con un enorme mapa que indicaba dónde vivía cada uno de los pueblos originarios de Chile (los que vivían allí antes de que llegasen los españoles). Joaquín nos estuvo contando cosas de cada uno. ¡Qué interesante! Me habría gustado estudiar esas cosas en el colegio, como él. Claro, para él es algo básico de su país, ¡mientras que para Marta y para mí es algo muy exótico! En el norte estaban los Changos, los Aimaras y los Atacameños, un poco más al sur estaban los Diaguitas, en el centro estaban los Mapuches (también llamados araucanos, son los más conocidos porque resistieron mucho tiempo a los españoles y dominaron a muchos de los otros pueblos), los Huilliches y los Pehuemches, en las islas del sur estaban los Chonos y los Kawésqar (¡vaya nombrecito!), y abajo en la Tierra del Fuego estaban los Yamanas y los Onas (estos últimos me llamaron mucho la atención por cómo pintaban su cuerpo). Luego están los Rapa Nui de la Isla de Pascua.

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Aquí estoy con mis amigos mapuches.

Después de esta lección de historia de Chile, nos fuimos a casa. Hacía mucho frío y Marta y Joaquín tenían aún la ropa mojada (yo, por suerte, ya no). Además había que descansar, que al día siguiente nos íbamos al Cerro San Cristóbal, y allí hay mucho que ver…

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